jueves, 22 de noviembre de 2007

Júpiter es inmortal. Rafael Álvarez el Brujo

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Era Júpiter tonante que blandía el rayo de su voz. Un dios del Olimpo, el padre de los dioses del talento. Yo le tenía tanto respeto que me azoraba cuando estaba delante de él. Me ponía nervioso, tímido, me volvía torpe. Le admiraba profundamente y contemplaba siempre su figura con sumisa reverencia, como quien contempla un monumento. Fernando era un monumento. Cuando él hablaba, yo escuchaba como un cachorro estremecido ante el rugido imponente del jefe del clan, el patriarca, el rey de la manada.

Mi propio instinto de actor, de cómico como diría él, me hacía reconocerle como algo vivo y sagrado: el antepasado epónimo que confiere regia dignidad a toda la estirpe del teatro. Yo era de esa estirpe de nobleza y cuando le veía en el cine, en televisión o en el teatro ahí estaba yo también, con él. Por su presencia yo experimentaba el orgullo del linaje porque él era El Actor que estaba ahí, con esa calidad e intensidad de presencia que otorga siempre dignidad a todo lo que hace, por insignificante que fuera la función, la serie o la película. Su autoridad emanaba del misterio grande y radiante del actor: la presencia. Y además, Fernando Fernán-Gómez tenía el don para expresarla. Es normal que ante alguien así experimente uno la fantasía o la conciencia imperceptible pero cierta de su inmortalidad. Fernando es un mito y un mito siempre es inmortal.

Tuve la suerte de pisar el escenario junto a él en Alicante con motivo de un homenaje que se le hacía al insigne dramaturgo español contemporáneo. Yo representaba su versión de Lazarillo de Tormes (que aún hoy después de 16 años sigo representando en gira por todas partes). Al final de la función hube de sacarle a escena para que dijera unas palabras. Yo tenía miedo porque nunca se sabe por dónde puede salir Júpiter blandiendo el rayo, ante el atrevimiento osado de alguno de sus cachorros: se me ocurrió eliminar cuatro o cinco páginas de su versión para sustituirla por una especie de entremés o "descanso" de mi propia cosecha compartido con el público donde yo improvisaba chanzas y chascarrillos varios (siempre anécdotas sobre mis experiencias haciendo esta misma obra por esos pueblos de Dios) que el público celebraba gozoso con frecuentes ovaciones y risas.

Cuando le recogí entre cajas me cambió el paso. Sentí el peso de sus pies sobre las tablas como una plomada. A su lado yo era una plumita que flotaba inconsistente. Tuve la conciencia cierta de lo que es andar y pisar de verdad un escenario. Su rostro era una máscara. Los ojos azules profundos no dejaban traslucir nada. Cuando llegó a la "corbata" hizo una pausa. Un enigmático abismo que el público saludó con respetuoso silencio: "De esta obra", dijo, "de esta obra que acabamos de ver [yo temblaba], de esta obra lo que más me ha gustado ha sido el descanso". Al unísono el público soltó la carcajada, aplaudió y yo respiré al fin con alivio. Júpiter se mostró favorable al cachorro.

Era grande, pero noble y generoso. Jamás lo olvidaré. Transmitía un secreto en la acción sin palabras. El fuego sagrado del teatro. Gracias, Fernando, los dioses viven siempre. Esta muerte es tu última victoria. De momento.

Enlace al artículo publicado en El País
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El adiós a un creador. Carlos Boyero

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La última vez que escuchamos esa voz inconfundible, clavando cada palabra, interpretando un texto con apabullante magisterio, creando atmósfera, fue hablando de las esencias y los rituales del fútbol en anuncios publicitarios al servicio de una cerveza. Un año antes le vimos, pero sobre todo le escuchamos con la boca abierta, en el impagable documental (o lo que sea) La silla de Fernando, haciéndonos el perdurable regalo de hablar con sabiduría, humor, sarcasmo, transgresión y gracia de su relación con el alcohol y con las mujeres, la vida nocturna y los pecados nacionales, el teatro y el cine, la guerra y la posguerra, las patrias y la religión.

Por mi parte, sentí una envidia monstruosa hacia sus amigos, la desolación de no haber tenido la oportunidad de escuchar en vivo y en directo a ese narrador y conversador excepcional, a una inteligencia superior expresando su libre y experimentada visión de las personas y las cosas.

La muerte de Fernando Fernán-Gómez va mas allá de la desaparición de un actor tan identificable como excelso, de alguien que imprimía verdad y complejidad a cualquier personaje que interpretara, del creador de algunas de las películas más inquietantes y conmovedoras del cine español, de un articulista y escritor tan personal como inagotable.

Desaparece un insustituible símbolo de la mejor cultura, una opinión con poder legitimador, anticonvencional y brillante, heterodoxa y libertaria. Ese concepto tan enfático, patriótico, de pompa y circunstancias, denominado una tragedia nacional, adquiere significado, realidad y sentido constatando que ya sólo nos queda el legado de Fernando Fernán-Gómez en los vídeos, los libros y los DVD, que ha desaparecido una persona que formaba parte de las mejores señas de identidad para mucha gente de este país. Me gusta ver y escuchar al actor Fernán-Gómez en blanco y negro y en color, en películas alimenticias o prestigiosas, en las que sólo aportaba su profesionalidad y en las que parecía sentirse implicado, en comedia y en drama, en personajes bondadosos o malvados, en faceta cómica y en faceta trágica, metiéndose en la piel del hombre de la calle o dando vida a gente excepcional, exteriorizando e interiorizando, histriónico o cotidiano, pintoresco o desamparado, parlanchín o receptivo, castizo o intimista, ganador o perdedor.

No recuerdo ninguna decepción con él, aunque el guión o la película fueran infames. Me ocurría lo mismo que con José Isbert, con Marcello Mastroianni, con Robert Mitchum, con Cary Grant. Su presencia siempre es gratificante, desprende autenticidad, está por encima del bien y del mal. Pero voy a recordarle siempre con mucho agradecimiento por su creación de tres ancianos memorables. El tan sabio como cálido de Belle époque, el maestro humanista, librepensador y finalmente masacrado de La lengua de las mariposas y el moribundo enloquecido y obsesionado con ajustar torturadas cuentas con su pasado de En la ciudad sin límites.

Pero inevitablemente soy selectivo con las películas que dirigió. Hubo de todo e imagino que cualquier cosa que llevara la firma de talento tan poderoso se presta a la revisión o a la sorpresa. Cada vez que me he topado con La vida alrededor y La vida por delante me confirman que son inteligentes y agridulces. El mundo sigue se parece demasiado a la vida y continúa provocando cierto malestar y miedo. Refleja el color grisáceo o tirando a sombrío de una época ingrata, gente frustrada o mezquina, sueños y esperanzas definitivamente rotas.

Te asombra cómo es capaz de mezclar esperpento y realismo, humor negrísimo y piedad subterránea, costumbrismo sórdido y perversión fetichista en esa película inquietante y admirable titulada El extraño viaje.

Existen toneladas de comprensión y de sentimiento en ese emotivo y desolado retrato de perdedores que viajan incansablemente a ninguna parte, de la patética supervivencia y el doloroso anacronismo de los cómicos de la legua.

Empieza a resultarme esquemático o superfluo analizar los múltiples dones de este hombre renacentista. Se ha muerto Fernán-Gómez. Todo el mundo sabe lo que eso significa y está de luto. Era uno de los tres más grandes. Nos quedan Berlanga y Azcona
Enlace al artículo publicado en El País

Dos grandes

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Fernando Fernán-Gómez versus Agustín González

Video de Youtube

El abrazo de la lectura. Fernando Fernán-Gómez

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El libro se abre ante nosotros como se abre de piernas la amante entregada y posesiva. Como abren los brazos para acogernos el amigo y el familiar.En mi prehistoria se abrieron para mí los brazos diminutos, débiles y sucios de los primeros cuentos de calleja. Ya entre ellos se observaban diferencias sociales. Los más baratos cabían en la palma de la mano, su letra era casi ilegible y tenían las mejillas manchadas de tiznones como de carbón o de tinta de escribir palotes, curvas y garrotes. No parecían pensados para que los leyeran los niños, sino las abuelitas, desojándose, al borde de la cuna. En cambio, los más caros, en octavo, se leían con facilidad y tenían letras de oro en la portada.


Vinieron después los libros de aventuras. Cuando aún no se ha llegado a la adolescencia, cuando aún no nos han amaestrado y no nos han inyectado en el cerebro la suficiente cantidad de resignación, nos asombra dolorosamente la monotonía de la existencia. ¿Cómo es posible -se pregunta el niño-, haber pasado ocho años padeciendo esta sórdida repitición cotidiana?. Los libros de aventuras, con su mentira piadosa, le abren las puertas de la esperanza.
Los libros escondidos. Los libros secretos. Hay que tenerlos debajo de los libros de texto. Leerlos cuando no nos ven nuestros mayores o los profesores, en el colegio. Son libros de aventuras, novelas folletinescas, policiacas. Y muy pocos anos después -no años, meses-, novelas pornográficas. Qué inefable placer me proporcionan esas lecturas. Aldous Huxley dijo: "una orgía real nunca excita tanto como un libro pornográfico". Y con esto no intento sugerir a nadie que abandone las orgías.
Pero también el libro tiene enemigos entre los de su propia especie. En mi caso personal, fueron los libros de texto del bachillerato. Qué repulsión, qué aversión me inspiraron. Odio al libro, odio a la lectura, odio al conocimiento. Por fortuna, había en Madrid muchísimos puestecillos callejeros en los que vendían a mitad de precio noveluchas de segunda mano, o de tercera o cuarta, sobadas y requetesobadas, noveluchas de aventuras, policiacas y también verdes. Aquellos puestecillos hicieron que se conservara vivo mi amor al libro, que los catedráticos escritores habrían conseguido asesinar. En la guerra de libros -como no puede ocurrir en las guerras de verdad-, ganaron los pobres.
Aparecieron después los que algunos consideran enemigos del libro: el cine, la radio, la televisión... son, es cierto, otros medios de difusión de la poesía, y también de la música y de las artes plásticas. Pero, aunque enemigos en cierto aspecto, es dificil que derroten al libro, ni creo que pongan en ello interés, El libro les lleva la ventaja de la corporeidad, de la cercanía. El libro lo tengo, lo poseo, puedo incluso darle achares, no mirarlo, no leerlo y, sin embargo, conservarlo. No es efímero. Puedo también tenerlo en las manos, acariciarle el lomo como a un perro amigo, hojearlo, sobarlo, puedo besar algunos de sus renglones si me han conmovido. Tanto si es un libro lujoso, encuadernado en suave piel, como si es un libro popular, de los que se doblan y se pliegan sumisos para ser leidos en la cama, con los que uno puede acostarse sin muchas dificultades ( ... )
Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Fernando Fernán-Gómez

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Desde Orden Montalbiana lamentamos profundamente el fallecimiento de D. Fernando Fernán-Gómez, grande entre los grandes, recomendamos la lectura de "LA BUENA MEMORIA" de Diego Galán, ISBN: 84-204-2952-X, el libro trata de la conversación mantenida con otro hombre de cuya memoria tampoco nos podemos olvidar como es la de Eduardo Haro-Tecglen

lunes, 19 de noviembre de 2007

Javier Marías. Visca el Barça

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Javier Marías
En la lealtad mayor

En persona estuvimos juntos sólo una vez, hace ya muchos años. El mismo chófer nos recogía en el aeropuerto de Asturias (él llegaba de Barcelona; yo, de Madrid) para trasladarnos a Verines a una reunión de escritores. Nada más subir al coche sacó un auricular y se lo colocó en un oído. "Es para seguir el fútbol", fue toda su explicación. Debía de ser un miércoles y se disputaban partidos de Copa, poco importantes aún. "Ah, ¿y cómo va el Madrid?", aproveché para averiguar. "Pierde 1-0 con el Sporting". Me fue imposible no preguntarme si le caía mal. No tenía motivos para pensarlo, aunque tampoco -desde luego- que le cayera bien, y de hecho no puedo evitar preguntarme ahora si le habría hecho la menor gracia que yo escribiera nada sobre él en un día como hoy, en contra de lo que ha creído EL PAÍS. Futbolero como soy, respeté su casi total mudez de hora y pico de viaje, no me empeñé en darle conversación. Al fin y al cabo, pensé, yo haría lo mismo, seguir los partidos si tuviera valor. Así que aquel trayecto transcurrió en un silencio que, sin embargo, no me fue embarazoso. Y quise creer que quizá mal no le caía, a la postre, cuando al cabo de un buen rato me dirigió la palabra de nuevo para comunicarme algo que a él no le alegraría, pero a mí sí. "Ha empatado el Madrid", me dijo. Muchas veces coincidimos, en cambio, en las páginas deportivas de este periódico, y además, formando pareja de contrarios. Él, como representante literario o incluso "ideológico" del Barça; yo, del Madrid, cada vez que nuestros respectivos equipos se enfrentaban a muerte. Creo que en la última ocasión falté yo a la cita, y ahora sé que en las próximas quien faltará seguro será él. Hoy somos muchos los escritores que nos atrevemos a hablar de fútbol sin temer nuestro desprestigio por ello, pero no cabe duda de que Vázquez Montalbán fue el gran pionero y el más audaz, así como el primero en señalar lo que luego tantos hemos repetido: que así como uno cambia de gustos, de pareja, de convicciones, de ideas y aun de ideologías, de lo que nunca cambia es de equipo favorito de fútbol. Curioso que las lealtades mayores sean las que parecen menores. O no tanto: supongo que él sabía, desde su fuerte conciencia política, la importancia que algo tan desdeñado como el fútbol puede tener en la cotidianidad de las personas que poco tienen. Sabía que si tu equipo gana, los problemas reales no desaparecen ni se padecen menos las injusticias. Pero también que si tu equipo pierde, los problemas se aparecen más graves e irresolubles al día siguiente y uno se resiente más de las injusticias. Conocía y aceptaba la dimensión simbólica, y aun supersticiosa, porque ayuda a ir de día en día. Fue a menudo un culé desesperado, ante la ineptitud de los dirigentes o el mal juego del Barça. Pero, pese a sus ocasionales amenazas de dejar de seguir al equipo, o hacerlo sólo de lejos, imagino que sabía que eso no es nunca posible del todo. Como también sabía que el rival más acérrimo, en su caso el Real Madrid, es tan necesario como el aire, en el juego como en la vida, para temerlo, envidiarlo, odiarlo, admirarlo y derrotarlo. Hoy yo sé que perder a un antagonista entristece tanto como perder a un aliado. Quizá más. Me alegro de que Manuel Vázquez Montalbán viera al menos una vez a su equipo campeón de Europa. Y la próxima vez que eso suceda, estoy seguro de que me acordaré de él y pensaré lo que también pienso y digo ahora en su honor: Visca el Barça.
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Andrea Camilleri

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Enlace a la página web de los fans de Andrea Camilleri, cuyo personaje Salvo Montalbano es un homenaje a la figura de Manuel Vázquez Montalbán
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Universidad de Oslo

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Página web de la Universidad de Oslo dedicada a Manuel Vázquez Montalbán

Vázquez Montalbán en la Universidad de Oslo
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Libros de Vázquez Montalbán a buen precio

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Recomendamos la web iberlibro donde podemos encontrar diversos libros de Manuel Vázquez Montalbán a buen precio.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Ferran Adriá + Vázquez Montalbán

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Ferran Adriá nos dice de Vázquez Montalbán ...era admirable, ya que no sólo en cocina, sino en todo, tenía una gran capacidad de análisis y de anticiparse al futuro....

Articulo publicado en ClubCultura por Ferran Adriá
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Rosebud

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Según Wikipedia Rosebud : es la palabra misteriosa que el magnate de la prensa Charles Foster Kane pronuncia instantes antes de morir en el filme Ciudadano Kane de Orson Welles, y la que da pie a la que es considerada por muchos como la mejor película de la historia del cine.

Si no puede ser Chablis que sea un Fefiñanes.

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Manuel Vázquez Montalbán "Los mares del sur":
...si no puede ser Chablis que sea un Fefiñanes....
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Albariño Fefiñanes

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En homenaje al primer comentario en el blog de la Orden Montalbiana. Que disfrutemos pronto de otra botellla.
Salud Camaradas

Bodega Fefiñanes
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sábado, 10 de noviembre de 2007

Leer Triunfo

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Sigamos su recomendación:
http://es.youtube.com/watch?v=zCJq-zGowVU

Enlace a Revista Triunfo:
http://www.triunfodigital.com/

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1ª recomendación de la orden montalbiana

La muestra, que se puede ver en el Palau Robert, analiza la figura del autor barcelonés a patrir de sus dos grandes pasiones: el viaje y la cocina

Primeras ediciones de sus novelas, poemas y ensayos se reúnen desde hoy en la exposición "Con Manuel Vázquez Montalbán", planteada como un recorrido visual por la vida y la obra del escritor barcelonés, de la mano de dos de sus incontestables pasiones: el viaje y la cocina.

Imprescindible.

Orden Montalbiana

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Con fecha 09.11.07 en un pequeño rincon de una ciudad salada y extrema, bajo la vetusta y desconfiada luna, se crea la Orden Montalbiana.
Para ser miembro de la misma se deben acatar los siguientes principios:
Ser amantes de la minucias de lo cotidiano

De la gula compartida

Comer para olvidar y beber para recordar

Ser responsables de su cara

Y encontrar su Rosebud